Inundaciones y vulnerabilidad en el Bajo Guadalete

Las inundaciones en el Bajo Guadalete son un peligro natural inherente a la naturaleza de este espacio. El territorio del Bajo Guadalete es lo que es por el río y sus inundaciones. Los distintos episodios que se han desarrollado durante el último siglo nos enseñan que se suceden de forma recurrente cada cierto tiempo — en intervalos de 10 y 15 años— y con distinta intensidad y magnitud.

Frente a un fenómeno natural propio del territorio y el mundo mediterráneo, y que está siendo intensificado por el cambio climático, las alternativas pasan por adaptarse y convivir. Como diría Bruce Lee en un famoso anuncio de una marca de coches; Be water my friend —sé agua, amigo—.

Y el anuncio terminaba con una frase que decía lo siguiente: no te adaptes a la carretera, sé la carretera —en nuestro caso sería, no te adaptes a la inundación, sé la inundación—

La exposición a las inundaciones en el Guadalete

El Bajo Guadalete, desde Arcos de la Frontera hasta la desembocadura en El Puerto de Santa María, es un territorio vivo. En su entorno inmediato hay tres grandes ciudades, Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María y Arcos de la Frontrera, y cinco entidades locales autónomas —Majarromaque, La Barca de la Florida, Torrecera, El Torno y San Isidro del Guadalete— además de un conjunto de 14 barriadas rurales y asentamientos dispersos, algunos de gran importancia como La Corta, El Portal o Doña Blanca. Alrededor de 15.000 personas viven en el propio valle y unas 400.000 habitan en sus inmediaciones.

El valle del Guadalete es también el corazón de la zona rural de Jerez. En él se desarrolla una importante actividad agrícola, con cerca de 12.000 hectáreas de cultivos de regadío. Además, el valle funciona como un corredor natural de comunicaciones, con un nodo estratégico situado en el entorno de Cartuja.

Se trata de un espacio muy expuesto a las crecidas e inundaciones del Guadalete. Y lo hemos hecho a conciencia, porque el desarrollo del territorio desde la década de los años 50 del siglo pasado se ha llevado a cabo sobre la propia zona inundable y el aprovechamiento de los recursos del río, tanto sus caudales como el fértil suelo de la vega.

A principios del siglo XX el Bajo Guadalete era un espacio que conservaba los rasgos todavía de frontera medieval: una zona despoblada, dominada por grandes propiedades dedicadas a la agricultura de secano y especialmente la ganadería extensiva. Un paisaje formado por un mosaico de zonas cultivadas, marismas, pastizales, dehesas, etc. La cartografía histórica, y especialmente los mapas de 1917 y el vuelo americano de 1947, nos muestran un territorio donde la población vivía en cortijos dispersos y chozas.

Aunque las primeras intervenciones modernas comenzaron con las cortas del río entre los siglos XVIII y XIX en la zona de la desembocadura, es a partir de la posguerra, con los Planes Generales de Colonización y los programas de obras hidráulicas, cuando el tramo bajo del Guadalete experimenta la gran transformación. Este proceso implicó la desecación de la marisma en la desembocadura, la construcción de infraestructuras hidráulicas y energéticas para el riego, redes de acequias, drenajes y caminos, obras de defensa y encauzamiento del río, así como la creación de poblados de colonización, viviendas agrícolas y servicios asociados. Como resultado, el territorio pasó de un paisaje dominado por pastos, dehesas y grandes cortijos a un espacio agrario intensamente transformado, organizado en explotaciones de regadío y articulado por un nuevo sistema de asentamientos rurales.
Proporción ocupada por cada una de las unidades geomorfológicas analizadas en el territorio fluvial
Figura 1 Detalle del plan de la zona regable del Guadalcacín. Archivo Municipal de Jerez, legajo nº 5404 / Instituto Nacional de Colonización, s.a.)
La evolución del territorio de la zona rural desde mediados del siglo pasado a la actualidad viene marcada por la concentración parcelaria y la intensificación del uso agrícola, la aparición de diseminados y nuevas barriadas rurales (Rajamancera, La Ina, El Lomopardo, La Junta de los Ríos, etc.), la proliferación de graveras y ya recientemente, el desarrollo de plantas fotovoltaicas. Además, su situación entre las grandes aglomeraciones urbanas de Sevilla, la Bahía de Algeciras y la Bahía de Cádiz convierten la zona baja del Guadalete en un nudo estratégico de comunicaciones.
Proporción ocupada por cada una de las unidades geomorfológicas analizadas en el territorio fluvial
Figura 2 Infografía explicativa de la exposición y vulnerabilidad en la zona inundable del río Guadalete. Elaboración propia a partir de Inteligencia Artificial.

Un espacio expuesto… y vulnerable

En las últimas décadas, el Bajo Guadalete ha pasado de ser un espacio poco habitado y dedicado principalmente a usos ganaderos a convertirse en un territorio intensamente ocupado, articulado por una red de poblaciones, infraestructuras y explotaciones agrícolas de regadío. Este proceso ha aumentado la exposición del territorio a las crecidas del río. Pero, además, en determinados lugares también ha generado situaciones de mayor vulnerabilidad: es decir, espacios donde personas, actividades o infraestructuras tienen menos capacidad para resistir, afrontar o recuperarse de una inundación.

Las barriadas de La Corta y El Portal, surgidas como asentamientos espontáneos vinculados al río Guadalete, así como los diseminados de La Greduela, Las Pachecas o Los Repastaderos, se encuentran entre los espacios habitados más sensibles frente a las inundaciones. Su proximidad al río, la escasa diferencia de altura respecto al cauce y su ubicación dentro de la llanura de inundación los convierten en algunos de los puntos más vulnerables del valle ante episodios de crecidas.

Las infraestructuras de transporte constituyen otro elemento especialmente vulnerable, a pesar de su papel fundamental en la articulación territorial de la zona rural de Jerez y su conexión con los principales núcleos urbanos de la provincia. El caso más significativo es el entorno de Cartuja, que funciona como un nudo estratégico de comunicaciones entre la Bahía de Cádiz, la Bahía de Algeciras, el Campo de Gibraltar y Sevilla. Por este punto cruzan el río la AP-4 y la autovía Jerez–Los Barrios, dos ejes históricos de conexión que también se ven afectados cuando el Guadalete se desborda. Estas vías, en algunos puntos, actúan como barreras que cortan transversalmente el río y la zona inundable, dificultando la circulación del agua en momentos de avenidas.

Tampoco podemos olvidar el papel de la agricultura en la vega del Guadalete. Se trata de una zona regable intensamente aprovechada, donde algunas explotaciones llegan a realizar dos cosechas al año. En los últimos años, además, se han extendido cultivos leñosos como el aguacate, especialmente sensibles a las inundaciones. Cuando el río entra en crecida, este modelo agrario intensivo tiene más dificultades para adaptarse: los suelos permanecen anegados durante días, se pierden cosechas, aparecen plagas y se complican las labores agrícolas, aumentando así la vulnerabilidad de la actividad agraria.
Figura 3 Evolución de la llanura de inundación del Guadalete en los Llanos de las Pachecas y la Vega de El Torno.
Un buen ejemplo de cómo se combinan peligro, exposición y vulnerabilidad lo encontramos en el cruce de la autovía Jerez–Los Barrios con el Arroyo Buitrago. Este curso recoge las aguas de un antiguo cauce del Guadalete y funciona además como drenaje de buena parte de la zona inundable de los Llanos de las Pachecas y los Cejos del Inglés. A la salida del cruce se ha desarrollado una parcelación ilegal con viviendas y otras edificaciones. Cuando la llanura de inundación entra en carga durante los episodios de crecida, este lugar se convierte en uno de los puntos por donde se concentra el flujo del agua, siguiendo en buena medida el recorrido natural que tenía el río en el pasado. Es, en definitiva, un ejemplo muy claro de cómo la combinación de peligro natural, ocupación del territorio y alta vulnerabilidad puede traducirse en daños importantes durante una inundación.
Proporción ocupada por cada una de las unidades geomorfológicas analizadas en el territorio fluvial
Figura 4 Mapa de peligrosidad por inundación fluvial del periodo de retorno de 500 años en el entorno de Jerez de la Frontera. PGRI Demarcación Guadalete-Barbate, Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables y elaboración propia.
Otro elemento que aumenta la vulnerabilidad del territorio es el llamado efecto barrera. En las últimas décadas se han construido numerosas infraestructuras dentro de la llanura de inundación: pequeños muros de defensa en las márgenes del río y, sobre todo, grandes vías de comunicación que atraviesan este espacio.

Cuando el Guadalete se desborda, estas infraestructuras dificultan el drenaje natural de la llanura de inundación. El agua tarda más tiempo en evacuarse y se ve obligada a circular por espacios más limitados, alterando el comportamiento natural de las crecidas.

Las inundaciones de 2010 pusieron de manifiesto la importancia de este problema. Desde entonces se han llevado a cabo algunas actuaciones para mejorar el drenaje en determinados puntos, pero el problema sigue presente.

Proporción ocupada por cada una de las unidades geomorfológicas analizadas en el territorio fluvial
Figura 5 Vista aérea de los Llanos de las Pachecas inundados donde se aprecia el efecto barrera de la A-381.
A ello se suma la transformación que ha experimentado el propio río en la última mitad de siglo. Los cambios en los usos del agua y del territorio han provocado una progresiva degradación ambiental del Guadalete y la pérdida de parte de su espacio fluvial. Un estudio de la Junta de Andalucía estimaba en 2010 que el río había perdido alrededor de un 30 % de su espacio fluvial, reduciendo así su capacidad natural para regular las crecidas.
Proporción ocupada por cada una de las unidades geomorfológicas analizadas en el territorio fluvial
Figura 6 Proporción ocupada por cada una de las unidades geomorfológicas analizadas en el territorio fluvial. González del Tánago, M. et Alia. 2010. Evolución del territorio fluvial del río Guadalete y propuestas para la mejora de Su funcionamiento hidro-morfológico
Hoy el Guadalete es un río con menos espacio y menor capacidad hidráulica. La colmatación del cauce y la invasión de vegetación en muchos tramos dificultan el paso del agua, de modo que incluso crecidas relativamente ordinarias pueden provocar desbordamientos. La administración de la Junta de Andalucía es consciente de ello y desde el 2010 viene actuando en los puntos más conflictivos del río recuperando el cauce original.

Todo lo anterior nos pone delante del espejo de las inundaciones. Durante décadas, la gestión del riesgo de inundación se ha centrado principalmente en intentar controlar el peligro natural que representan las crecidas del río. Sin embargo, la experiencia demuestra que esta estrategia no solo resulta insuficiente, sino que ha contribuido a aumentar la exposición y la vulnerabilidad.

Reducir el riesgo pasa también por actuar sobre la exposición y la vulnerabilidad del territorio. Es decir, por repensar cómo ocupamos la llanura de inundación y cómo convivimos con el río, cuestión que abordaremos en la última publicación de esta serie.